
El riesgo país de la Argentina es una variable clave para la economía nacional. Mientras el descenso sea la tendencia de ese número mágico, que se mueve hacia abajo o hacia arriba por innumerables razones, el país podrá acceder a créditos en los mercados financieros internacionales y seducir a potenciales inversores. Pero no desciende; aumenta peligrosamente. El riesgo país de Uruguay, por ejemplo, es de apenas 78 puntos básicos. No gobierna en Montevideo un clon de Milei, sino una coalición de centroizquierda. En contraste, el riesgo país de la Argentina superó los 700 puntos básicos en los últimos días, y aquí gobierna un político que está más allá de la ortodoxia económica y de la centroderecha política. ¿Es el riesgo kuka, como dice Javier Milei en alusión a un eventual regreso del kirchnerismo? ¿O existe también el riesgo Milei, como suponen no pocos economistas? Una cosa está emparentada con la otra. Un Milei disruptivo, extravagante y provocador, responsable de una economía que está en las puertas de una recesión, podría terminar con el retorno de los herederos del kirchnerismo. Sucede también que hasta hace poco Milei perdía simpatía en las encuestas, pero nadie crecía frente a él. Ahora es distinto: el neokirchnerista Axel Kicillof le está mordiendo los talones al Presidente en las mediciones de opinión pública. Con las ideas que le conocemos a Kicillof, pero es lo que hay. El jefe del Estado acaba de aceptar que la economía no marcha como él quería, pero culpó de su desventura a las guerras de Ucrania e Irán y a la suba de las tasas de interés en los Estados Unidos. Vale la pena aclarar que la guerra del déspota ruso contra Ucrania existe, lamentablemente, desde hace más de cuatro años. Y la guerra que los Estados Unidos descerrajaron contra Irán comenzó hace ocho meses. En septiembre pasado, la Reserva Federal de los Estados Unidos aumentó en 25 puntos básicos (del 3,75% al 4%) la tasa de interés, después de tres años en los que las mantuvo sin cambios. No ocurrió nada nuevo ni necesariamente peligroso. De hecho, Mauricio Macri llegó a tener un riesgo país de 360 puntos básicos cuando el déficit de las cuentas públicas era del 4%; por el contrario, ahora hay superávit fiscal tras el severo y necesario ajuste que Milei les aplicó a los gastos del Estado. Aquella pregunta no se respondió. Volvamos a ella: ¿por qué el riesgo país de Milei no para de crecer si él hizo rápidamente lo que la economía requería? No hay otra alternativa que girar la cabeza y mirar el destrato que el Presidente les propina a las instituciones. El riesgo país no se elabora solo por las decisiones económicas, sino también por el respeto político a las reglas del juego. ¿Cómo confiar en un presidente que propone quemar en la hoguera a periodistas con nombres y apellidos? ¿Cómo, cuando esa declaración es la prueba de que su desequilibrio emocional cruzó todas las fronteras conocidas? ¿Cómo, si se trata de una explícita amenaza de muerte?

Aunque en el último año se eliminaron algunos impuestos y regímenes de información, las pequeñas y medianas empresas (pymes) siguen enfrentando un gran laberinto impositivo y burocrático que les consume tiempo, recursos y capital de trabajo. Desde el pago de un impuesto provincial, pasando por las retenciones sobre una venta hasta las declaraciones juradas que tienen que presentar ante distintos organismos del Estado, una empresa modelo enfrenta al menos 62 obligaciones tributarias a lo largo de un año.
El dato surge del Vademécum tributario para pymes 2026, elaborado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) con el apoyo de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC).
El relevamiento identificó 34 tributos —entre los tres niveles del Estado— y 28 regímenes de retención, percepción e información que alcanzan a una pyme modelo. La cifra se conoce en un contexto en el que la caída de la actividad y la mayor competencia de los productos importados agregan presión sobre las empresas locales, que deben sostener su operatoria en un escenario de márgenes ajustados.
La conducción estatal de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) dejará planteada, antes del traspaso de la empresa a manos privadas el 13 de noviembre, una reforma tarifaria que, de ser aprobada, implicará aumentos para casi dos millones de usuarios residenciales de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. Buscan resolver décadas de ineficiencias en el cobro del servicio.

La propuesta, que se discutirá este lunes desde las 10 en una audiencia pública convocada por el Ente Regulador de Agua y Saneamiento (ERAS), prevé una suba promedio del 22,6% para seis de cada diez usuarios, además de las actualizaciones habituales por inflación. El objetivo declarado por el Gobierno es financiar por esta vía una ampliación de la tarifa social. Su aprobación, la fecha de entrada en vigor y el esquema de aplicación dependerán del regulador.
El impacto será diferente según la ubicación del inmueble y su clasificación actual. De acuerdo con los documentos presentados para la audiencia, 1.998.747 usuarios residenciales pagarían más, 683.927 tendrían una reducción promedio del 14,7% y otros 672.194 mantendrían sus valores por efecto de esta modificación. El reparto sería de aproximadamente 60%, 20% y 20%, respectivamente.

Javier Milei inauguró el viernes una nueva fase de su cruzada por la libertad. Si la motosierra fue el instrumento simbólico para encarar el ajuste del Estado, ahora propone la hoguera como destino de periodistas que lo incomodan, empresarios y opositores políticos a los que acusa de golpistas.
La furia del inquisidor se apoderó de él después de que el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi lo sobreseyó en la causa $LIBRA. A los gritos, ante un auditorio colmado, entonó un himno de intolerancia que sobrepasa la rutina de sus excesos verbales, a menudo frivolizados como el folclore de un líder extravagante. ¿Cuántas veces un presidente elegido por el voto popular llegó al extremo de invocar, aunque fuera en sentido figurado, la muerte violenta de ciudadanos con los que disiente?
Eligió el tono revanchista a la templanza de quien se sabe exculpado por la ley. Leyó un argumentario victimista, en el que exigió una compensación por “un año, 8 meses y 9 días de calumnias e injurias”. Describió un “intento de golpe de Estado por la vía institucional”, sin detenerse a explicar semejante oxímoron, acusó sin pruebas a LA NACION y nombró a cinco periodistas que siguieron el caso $LIBRA: Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodrigues, Natalia Volosin y Luis Novaresio. Los trató de “corruptos” y “ensobrados”.
Los procesos políticos y económicos se desenvuelven a partir de hechos y datos constatables, pero también por percepciones y expectativas etéreas. Se construyen a partir de indicadores fácticos, pero cobran dimensión en la subjetividad de las sociedades. Se edifican en esas sensaciones de que un país está bien o mal, o de que un programa de gobierno puede considerarse exitoso o no. La Argentina se encuentra en tensión entre esas dos pulsiones, en un momento bisagra que define si está en un punto de inflexión o en un punto de no retorno. El instante de quiebre.
La reunión de la mesa política de este martes condensó en parte estas miradas. Fue la primera vez en varias semanas que estaban todos sus integrantes, tras suspensiones y ausencias. Tenía un significado especial. El actor que movió la partida volvió a ser Luis Caputo. El ministro hizo un relato sombrío del diagnóstico mundial que escuchó en Tailandia, donde participó de la cumbre del FMI y el Banco Mundial.
Mauricio Macri disfrutó de su buena sintonía con Michel Temer luego de meses de vínculo apenas protocolar con Dilma Rousseff, aunque el margen de maniobra de aquel interinato en el país vecino fue limitado. Su sucesor, Alberto Fernández, convivió entre roces y desplantes con Jair Bolsonaro, hasta un último tiempo de alineamiento con el retornado Luiz Inácio Lula da Silva.
Puertas adentro, tildaron de “increíble” la victoria de Lula. Los más optimistas esperaban que el presidente de Brasil diera su batalla final y se la pusiera difícil al derechista Flavio Bolsonaro, el candidato al que apostó Javier Milei y que tenía todas las de ganar antes del balotaje. Para afuera, Cristina Kirchner, Sergio Massa, Axel Kicillof y los principales dirigentes del peronismo salieron a festejar esta noche el resultado electoral como una bocanada de aire fresco.
MENDOZA.− Una costosa capacitación, con fondos públicos, provocó un cimbronazo político en esta provincia. Se trata de una millonaria maestría, financiada con dinero del Estado, que realizó una de la principales ministras mendocinas, Jimena Latorre, titular de la cartera de Ambiente y Energía y funcionaria de confianza del gobernador Alfredo Cornejo.
Dirigentes políticos de la Unión Cívica Radical (UCR) y del Frente Renovador se sumaron al repudio por los dichos de Javier Milei contra periodistas. “Pasó todos los límites”, denunció el radicalismo. “Se trata de hechos de enorme gravedad institucional. Los agravios presidenciales se volvieron cotidianos y nunca pueden naturalizarse”, advirtió el partido. El espacio presidido por Diego Giuliano, en tanto, advirtió: “La hoguera no es una metáfora inocente. Es uno de los símbolos más brutales de la persecución religiosa, política e ideológica”. También se sumaron a los cuestionamientos organizaciones de intelectuales y profesionales.
Las elecciones presidenciales de Brasil, que terminaron con la reelección de Lula da Silva frente a Flavio Bolsonaro, generaron reacciones del arco político argentino. Tras el escrutinio, el mandatario celebró la victoria que le permitirá gobernar por cuarta vez, mientras que su rival desconoció el resultado y reclamó la anulación de los comicios.
El exembajador argentino en Brasil Diego Guelar se refirió al triunfo de Lula sobre Bolsonaro en las elecciones presidenciales 2026 y analizó cómo afectará el resultado en la relación bilateral con la Argentina, ya que el mandatario brasileño y Javier Milei mantienen una áspera relación. Además, advirtió sobre un “cambio de reglas” y habló sobre un posible indulto a Jair Bolsonaro, condenado por delitos vinculados a un intento de golpe de Estado.
Antes de que se confirmara la tendencia a favor de Lula en las elecciones 2026, el jefe de Estado argentino había cuestionado la decisión del Supremo Tribunal Federal de extender el horario de votación hasta las 19.
“Lula quiere robar las elecciones. Se extendió dos horas el horario de votación en todo Brasil”, afirmaba el encabezado de una publicación de La Derecha Diario en la red social X, que Milei replicó en su cuenta. El mensaje agregaba: “En pleno balotaje y por pedido del PT [Partido de los Trabajadores] de Lula, el horario de votación se extendió hasta las 19:00 en todo el país, pese a que ya había comenzado el escrutinio”.
