Es uno de nuestros grandes estuarios, la ancha desembocadura de los ríos Santa Cruz y Chico. Allí, entre pleamares y bajamares quedó fundada, el 1º de diciembre de 1878, la localidad de Puerto Santa Cruz. Sin embargo, hay que hurgar un poco en la historia para saber que su origen no fue una avanzada poblacional planificada, ni una frontera “ganada” a los pueblos originarios.

A mediados del siglo XIX, mientras Chile consolidaba su presencia en Punta Arenas (1843), también había comenzado a proyectar actos de soberanía sobre el litoral patagónico argentino. La tensión alcanzó un punto crítico cuando, en 1876, la corbeta chilena Magallanes apresó en la desembocadura del río Santa Cruz al buque francés Jeanne Amélie, que operaba con permiso argentino. En 1878 repitió la maniobra con la barca inglesa Devonshire. Santiago sostenía que su soberanía se extendía hasta la margen sur del río; Buenos Aires protestaba, pero carecía de presencia efectiva en la zona.

La respuesta llegó ese mismo año. El presidente Nicolás Avellaneda, con el respaldo de su ministro Julio A. Roca, ordenó enviar una fuerza naval al sur para afirmar la autoridad argentina. La expedición quedó al mando del comodoro Luis Py y estuvo integrada por tres naves modestas –el monitor acorazado Los Andes, la cañonera Uruguay y la bombardera Constitución–que integraban la escuadra creada por Domingo F. Sarmiento, y habían sido diseñadas para la defensa de los ríos interiores, y no para afrontar la navegación en mar abierto y las duras condiciones del Atlántico patagónico.

El Los Andes, buque insignia, era comandado por el teniente coronel Ceferino Ramírez; la Uruguay por el coronel de marina Martín Guerrico; y la Constitución por el sargento mayor Juan Cabassa. Más tarde se sumaron la bombardera República y la goleta Cabo de Hornos, al mando de Luis Piedrabuena. Con medios limitados, pero con decisión política y profesionalismo naval, la pequeña escuadra llegó al río Santa Cruz e izó el pabellón en la margen sur, estableciendo un destacamento en el Cañadón de los Misioneros. Ese acto selló la reafirmación efectiva de la soberanía argentina en la Patagonia austral y vinculó para siempre a Puerto Santa Cruz con el nacimiento de la Flota de Mar y la presencia naval estable en el extremo sur del país. En efecto, el 20 de enero de 1879, los cadetes de la 1° promoción de la Escuela Naval Militar rindieron su examen reglamentario a bordo de la corbeta Uruguay.
Hasta entonces, sólo la localidad de Cmte. Luis Piedrabuena existía en la zona, a escasos 30 km, sobre la Isla Pavón. Hoy ambas sirven de base para explorar, por ejemplo, el cercano Parque Nacional Monte León, o la pingüinera de Punta Entrada –a 2 km del puerto de Punta Quilla–, pero entonces eran apenas caseríos muy distantes.

Desde aquí partieron varias expediciones que remontaron el río Santa Cruz hacia el oeste. Entre ellas, la del Beagle, con Charles Darwin a bordo, comandada por el capitán Fitz Roy, en 1834; y las del Perito Moreno, junto con Carlos María Moyano, entre 1876 y 1878. Ese año, Moyano fue ascendido a teniente de marina: tenía 24 años. En 1884 fue nombrado gobernador del Territorio de Santa Cruz. Al año siguiente, se casó con la joven Ethel Turner, que venía de Malvinas. Fue el segundo matrimonio que se llevó a cabo en la zona. Moyano bregó por atraer pobladores e inversiones a la zona. Los interesados recibirían una legua de tierra, 500 ovejas, algunas vacas, una casilla y elementos de labranza, facilidades que luego debían devolver, en un plazo de cinco años, a cambio de la propiedad definitiva de la tierra. Aunque cueste creerlo, a mediados del siglo pasado las estancias de esta región estaban más habitadas que ahora.

Moyano dejó el cargo en 1888 y fue sucedido por Ramón Lista que mudó la capital a Río Gallegos pensando en proteger mejor así las riquezas auríferas del Cabo Vírgenes.
Los restos del primer gobernador descansan en el cementerio local.
Para reconstruir parte de la historia resulta interesante conocer los dos museos. El de los Pioneros reúne objetos y documentos de los primeros pobladores; el Regional Carlos Borgialli amplía la mirada sobre la historia local y regional.
