cesar-brie:-“decidi-hacer-teatro-para-quitarme-la-timidez”

César Brie es actor, director, dramaturgo, y escritor. Vivió su niñez y primera adolescencia en Dolores. Dirige “El equilibrista”, obra que se presentará el 29 de noviembre en el “Teatro Municipal Unione”.

En su página oficial resume su biografía de manera clara y cercana. La reproducimos para que nuestros lectores lo conozcan, también lo entrevistamos:

“Nací en Buenos Aires. Viví en Tierra del Fuego hasta los seis años y en Dolores, Pcia. de Bs. As. hasta los 15. En la ciudad de Buenos Aires desde los 15 a los 19 en que me fui a Europa.

Fui uno de los fundadores de la Comuna Baires en 1971 y trabajé con ellos hasta el 1975. La Comuna Baires huyó de la violencia en el 74, luego de que un comando paramilitar secuestrara y torturara salvajemente uno de nuestros compañeros.

Me separé de la Comuna en Milán donde trabajé por 5 años en un Centro Social (un espacio que habíamos ocupado ilegalmente, donde hacíamos actividades artísticas y culturales para el barrio y la ciudad). Allí hice una obra unipersonal Persiguiendo el Sol, (A Rincorrere il Sole). Era el 1978 y esa obra era una radiografía implacable de la derrota de una generación: la mía.

En el 80’ me fui a Dinamarca. Escriben que Barba fue mi maestro, pero yo fui a trabajar con Iben Nagel Rasmussen. Ella fue mi maestra (y también mi esposa) Barba es el maestro de Iben.

Estoy muy lejano de los postulados estéticos de Barba, de hecho, El Mar en el Bolsillo la obra con la que me alejé de Dinamarca, es también una polémica artística con él.

Pero la ética de los actores del Odin, su devoción a su propio trabajo, su seriedad y compromiso son horizontes éticos en mi vida.

Me fui de Dinamarca en el 90 y en el 91 inicié el proyecto para el cual había ahorrado dinero durante 5 años: El Teatro de los Andes de Bolivia. Trabajé en Bolivia 19 años, hasta que una mezcla de circunstancias familiares, grupales y políticas me hicieron irme de allí. Dejé a mis ex compañeros el teatro del cual yo era propietario y me fui a Italia. Hice dos documentales en Bolivia. Uno: Humillados y Ofendidos, denuncia un ataque racista a los campesinos de Chuquisaca organizado por las autoridades de la ciudad de Sucre, que me valió amenazas, insultos, incitaciones a lincharme y finalmente una paliza y la amenaza de asesinar mi esposa y mis hijas.

El segundo documental Tahuamanu, fue sobre la masacre de Pando, el 11 de septiembre del 2008, donde conté como la derecha Boliviana gestó esa masacre, y la corresponsabilidad objetiva en los hechos de un grupo paramilitar organizado por un caudillo local aliado con el gobierno de Evo Morales.

Si el primer documental me había transformado en villano en Sucre y Santa Cruz y héroe en La Paz, el segundo documental recibió el silencio de ambos bandos: La oposición de derecha nunca lo pasó en sus televisiones porque denunciaba su complicidad en la masacre y la televisión del gobierno tampoco lo pasó, porque el gobierno mentía respecto a la ausencia de armas entre los campesinos. Así en el 2010 decidí irme definitivamente de Bolivia.

Desde entonces hasta el 2016 viví y trabajé en Italia viniendo cada vez más a Argentina donde acabé de radicarme en el 2017.”

 

  • ¿Por qué el teatro?

Era un destino. Mis padres hacían teatro independiente en Dolores. Mis hermanos actuaban. Yo era el único tímido que no se subía a la escena, pero escribía, cortaba boletos, acomodaba el público y admiraba a las jóvenes que actuaban con mis padres recibiendo maternales caricias. Decidí hacer teatro para quitarme la timidez y terminé por abandonar cualquier mujer que se pusiera en el medio entre el teatro y yo. Teatro para mí es cuerpo, voz, composición, texto, música, escribir, actuar y dirigir.

 

  • ¿Qué fue la Comuna Baires y qué dejó en usted?

La Comuna Baires fue el primer grupo con el que trabajé profesionalmente. Me atraía su propuesta corporal, su coraje, era un modo de empezar. Fui su fundador más joven. Tenía diecisiete años. Me separé de ellos en el año 75’, en Milán. Cuando me separé rechacé todo, eso creía, pero en realidad a través de ese rechazo estaba eligiendo lo que me servía y lo que no me interesaba. Fue una escuela compleja, difícil, ardua, que me forjó en el bien y en el mal.

 

  • ¿Cómo nació “Persiguiendo el sol”?

Persiguiendo el sol, el primer unipersonal “exitoso” que hice, fue la obra que me salvó la vida. Se habían suicidado tres amigos míos, había en el movimiento juvenil italiano una oleada de suicidios. Los periódicos escribían sobre eso y de algún modo yo conocía (sin poder racionalizarlo todavía) las razones de esos suicidios. Una generación estaba haciendo las cuentas con su derrota. Fui el primero, en teatro, a darme cuenta y esa obra cantaba el fin de la fiesta. Amarga, cruel, durísima, y poética. También ingenua. Cuando acababa el público en vez de aplaudir, hacía la fila para abrazarme. Creo que yo exorcicé mi posible suicidio a través de esa obra. Me colocó en un sitio extraño en las vanguardias italianas de la época, porque era cuerpo, acción, extrema y con poquísimo texto. Fue un acto de sinceridad absoluta, un sacrificio, un grito desgarrador. Me salvó la vida. La hice en el 78’, a mis 24 años.

 

  • Milán, Dinamarca, el Teatro de los Andes… ¿qué forjaron esas experiencias en distintos rincones del planeta?

Milán fue mi formación en un barrio marginal como gestor cultural, como actor intuitivo, como ejercicio de la solidaridad con los demás rechazados de un sistema social y teatral cruel y egoísta. Persiguiendo el sol, fue la perla de ese período. Dinamarca fueron los años de aprendizaje con mi maestra Iben Nagel Rasmussen, actriz inmensa y persona extraordinaria. Fui su alumno, nos casamos y vivimos diez años juntos. Nuestra relación era sobre todo artística. Me enseñó, me corrigió, me ayudó, y juntos fuimos felices artística y humanamente. Iben tiene nueve años más que yo. Nos separamos cuando decidí regresar a Sudamérica. El Teatro de los Andes, en Bolivia fue el lugar donde creé un teatro, aprendí de nuevo a hacer teatro atesorando los aprendizajes anteriores y tratando de evitar volvernos secta. Allí traté de cuadricular un círculo, hacer un teatro de vanguardia que fuera popular también. Aprendí a componer, a dirigir, formé actores, aprendí a tomar de los demás a escuchar. Los años bolivianos me formaron como persona y como artista. Todo lo estudiado y experimentado en los veinte años anteriores cuajó allí en metodologías, visiones, aperturas. Tuve alumnos y actores maravillosos: Lucas Achirico, Gonzalo Callejas, Filippo Plancher, Naira Gonzalez, Maria Teresa Dal Pero, Emilio Martínez, los primeros. Luego Isabel Villagómez y Diego Mattos, y tantos otros, entre ellos Alice Guimaraes , Cristian Mercado, Freddy Chipana, Soledad Ardaya, Daniel Aguirre, Jorge Jamarlli, Viola Vento, Karen Lisondra, Ulises Palacios, Julián Ramaciotti, Paola Oña.

 

  • ¿Por qué Argentina y esta obra en el Teatro Unione?

Argentina: “la patria del hombre es su infancia” dice Rilke. Argentina fue siempre un lugar al que desear volver, un dolor, una nostalgia. He vuelto a trabajar, enseñar, actuar, dirigir, menos de lo que hubiera querido. En Argentina me siento en casa, aunque pocos te ayuden. Fue en Argentina donde me encontré con Mauricio Dayub, actor espléndido y persona maravillosa, y juntos creamos “El Equilibrista”, texto que él había escrito con otros dos autores y que yo dirigí. La experiencia con Mauricio Dayub fue única. Uno de los grandes encuentros de mi vida.

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