Referente de los operadores que comenzó a principios de los 70’ en LU 27 Radio Dolores, hoy productor junto a Omar Pellegrini, de FM Uno (95.5). Repasa sus primeros años, y el camino de aprendizaje que lo llevó por el maravilloso mundo de la radio.
“A los chicos que están haciendo radio hoy les digo, «No bajen los brazos y no se la crean. Sigan para adelante. Aprendan todo lo que puedan, las cosas nuevas. No se frenen porque no salen las cosas. Ya van a salir. Pero no paren”. Como hice yo”.
¿Cuál fue su primera experiencia?
Mi comienzo en Radio Dolores. Soñé toda la vida que trabajaba en un medio de difusión, de chico, y Dios se acordó de mí y me abrió las puertas de Radio Dolores.
¿Quién lo llamó?
Santiago Gelmini, Miliki Fortini y Daniel Dellepiane. Miliki fue el que me formó, practiqué, practiqué hasta que un día me dijo «ya estás listo, largate». Y me largué de una, con algunos nervios pero no tanto, porque ya tenía una base. Miliki fue el que me enseñó y me dio las primeras pautas para una radio. Él me enseñó a manejar la botonera, lo esencial. Después empecé yo solo y fui adquiriendo más experiencia.
¿Exigían título en algún momento?
Sí, yo tengo el título de Operador Nacional. Había que tenerlo en ese momento, tener esa licencia. Y no me lo regalaron, había que tener competencia y ganárselo. Al pasar años en Radio Dolores me dieron la licencia de Operador del COMFER, que era el Comité Federal de Radiodifusión
En aquellos años no había FM y las radios AM eran referentes regionales y provinciales, ¿tuvo propuestas de trabajo en Capital?
Me salió la posibilidad de trabajar en Radio Rivadavia, en Continental, Mitre, Splendid, radios de Mar del Plata, LUSL. Era también más dinero, obvio, pero toda la vida me tiró mi ciudad, no me convenció la idea de irme, alquilar un departamento, vivir lejos de mi pueblo. No había tantos operadores en esos años. Cumplíamos una función importantísima en Radio Dolores, que fue una emisora clave en la provincia de Buenos Aires.
¿Qué programas le tocó operar y cómo era la relación con el conductor?
Se generaba algo increíble, hasta el punto que para operar ni necesitaba mirar al conductor, sabía, intuía que quería, que venía, que tenía que hacer. La experiencia me llevó a eso, y a los programas más delicados los sacaba impecables, era un hermoso desafío para mí. Por ejemplo “Musicalísimo de los sábados”, que conducía Aníbal Hernández, donde había muchísimas cosas para poner al aire, tema de la semana, novedades, etc. Y “Musiquita”, que conducía Horacio Burgueño y participaban los niños. También operaba el programa “Voz y sentir de mi país”, de Obdulio Giménez, y muchos más. Y te dabas cuenta que todo el mundo escuchaba Radio Dolores, aunque los más conocidos, los más famosos, eran los conductores, los reconocían por la voz, aunque a nosotros los operadores nos nombraban todo el tiempo. Otro programa que destaco donde me tocaba operar era “Noches de mi ciudad”, que conducía Aníbal.
¿No existían ni computadoras, ni CD’s, ni nada de eso verdad?
No claro, era consola, cinta, disco y casette. Tenías que estar muy atento, no es como ahora que todo computarizado. Cuando Horacio Burgueño por ejemplo, en su programa “Haciendo Patria”, llevaba un conjunto o un cantor a actuar en vivo, yo lo grababa con el viejo grabador de cinta abierta Revox, generaba una cámara de eco. Y los artistas me pedían, porque salía muy bien; era un gran orgullo para mí, que reconocieran así mi trabajo.
¿Hacían transmisiones desde otros lugares?
Sí, yo operaba “La sombrilla del verano”, que conducían Roberto Soragni y Santiago Gelmini. Durante el verano ellos salían al aire desde La Costa y yo operaba acá, les daba el enlace y tomaba toda la transmisión, ponía música, todo como si estuviesen acá en el estudio. Manejaba también transmisiones que se hacían desde exteriores como carreras, fútbol en el Estadio. Cuando jugó Independiente en Uruguay también transmitimos haciendo enlace para los que salían desde allá, hacían la conexión y tomábamos el enlace por teléfono. Radio Dolores transmitía eventos nacionales, eventos deportivos internacionales, partidos de acá, todo. Y me tocó operar todo eso.
¿Se llenaban planillas para rendir a los organismos que controlaban?
Había que rendir todo, o sea, todos los temas que pasabas, bien especificados en una planilla. Y también cuando se transmitía por ejemplo un partido en vivo yo lo estaba grabando al mismo tiempo con el grabador de cinta abierta, y cuando había un gol u otra jugada relevante, lo marcaba. Después, cuando hacían los comentarios, iba a donde había marcado y lo ponía al aire. Era un trabajo artesanal, pero al que te acostumbrabas. Yo era muy perfeccionista, y todos los programas que operaba me gustaba que salieran perfectos.
¿Cuáles son las características que tiene que tener un buen operador?
Cuanto más se foguee en una mesa, mejor es. Que no crea ni diga que lo sabe todo, porque todos los días se aprende una cosa nueva, así me pasó. Un día aprendía un efecto de sonido, otro día otro detalle. Y estar atento siempre. Venía Horacio Burgueño y me decía “Tato vamos a grabar, poneme tal cortina, tal tema”, y tenía 70 cortinas de folklore apartadas, ya sabía cuál era la que iba a poner, las enganchaba. Y lo hacíamos a todo en vivo, lo mismo los programas “Vivencia”, o “La valija” con Santiago Gelmini y Ana María Larrazábal, o el programa que hacía Luis Zuleta (Luis Marcel). Hice de operador a muchísimos programas.
¿Alguna vez lo vieron para pasar música en otro lugar que no sea la radio, tipo boliche, fiesta?
Yo era muy jeringa de la radio, de los programas en que trabajaba. Me gustaba la radio, no me interesaba trabajar en otros lados. En Guido estuve un breve lapso trabajando en una confitería, pero lo mío era la radio. Y siempre busqué perfeccionarme, ser profesional en mi trabajo. Me había hecho muy amigo de un operador de Mar del Plata que me invitaba. Lo miraba trabajar, observaba, aprendía, y replicaba acá en Dolores todo lo que había aprendido.
¿Hay algún reconocimiento que lo emocione más?
El Candil el Candil de Quilmes me otorgó un premio que para mí es un Martín Fierro, me emocionó mucho porque fue además a la trayectoria, a lo que veía haciendo. Un reconocimiento a mi búsqueda siempre de no ser mediocre, a trabajar sobre lo bueno, haciendo cosas positivas para la gente, para los conductores de programa. Mi objetivo siempre era que los programas te empezaban a en la cima y terminaban en la cima. Arriba. No me gustaba que se achataran. Otro programa que operé recuerdo, fue “La discoteca de Pick Up”, con Gregorio Díaz Molina, a Luis María Filomeno, a Coi Fontana y su programa de jazz.
¿Y con las publicidades, cómo hacían para ir poniéndolas al aire?
Eran como 500 publicidades. Tenías que ir tachando. Una publicidad en casette, otra en disco. Tenías que estar muy atento. Trabajábamos con cuatro bandejas, una casetera doble y dos grabadores de cinta, uno profesional y el otro eh básico, que también servía como profesional pero no tenía los parlantes para escuchar.
¿Y la mesa de sonido, donde estaba todo eso?
Yo arranqué con una mesa de sonido en Radio Dolores. La nueva camada de dueños compró una de Estados Unidos que era tremenda, profesional. Cuando la radio cerró Oscar Hauqui me llevó a trabajar a su radio, FM Sol, y tenía la misma mesa de sonido.
¿Es más automático todo ahora para su gusto?
Sí, más robótico. No reniego de lo moderno, también trabajé con este método. Pero antes había que enganchar, cumplir más funciones, era más artesanal, con mayor presencia del operador en ese sentido.
¿Y ahora operá?
No, no tengo tiempo sinceramente. Estoy trabajando con Omar Pellegrini en Radio Uno (95.5), como productor. Produzco la radio, la Monomarca del Salado, el Boxeo. Pero mi vida está ligada a la radio. Amo la radio. A los chicos que están haciendo radio hoy les digo, «No bajen los brazos y no se la crean. Sigan para adelante. Aprendan todo lo que puedan, las cosas nuevas. No se frenen porque no salen las cosas. Ya van a salir. Pero no paren”. Como hice yo.
¿Qué siente por LU27 Radio Dolores?
Tengo la camiseta de Radio Dolores, no puedo evitarlo, fue una vida ahí adentro. De vez en cuando paso por la puerta de donde era la radio, en calle Rico, y se me escapa un lagrimón. Fueron muchos años ahí dentro. Hice mucho también por la radio. Y me emociona cuando alguien me para por la calle y me dice “Hola Tato, ¿cómo andás?”. Para mí es una satisfacción enorme. Amé la radio. Me dio lástima cuando se vendió, se podría haber formado un consorcio con los que estábamos dentro de la radio, los más nuevos y los más antiguos, que nos dieran a pagar. Para mantenerla. Creo que hubiese sido muy lindo. Le hubiésemos buscado la vuelta para que la radio no se pinchara.
Me tocó producir el programa de mi madre en 1985, cuando era muy chico, tenía 13 años. Vos siempre tenías buena onda, siempre dabas aliento. Eso también se agradece.
Siempre en todos los programas que me tocó fui así. Vamos para adelante. A los que recién empezaban, los apoyaba y los alentaba. Hay que seguir, que es la forma de aprender. Imaginate que como operador aprendía todo el tiempo, y lo mismo pasaba con los conductores. Había una publicidad de Uvasal, recuerdo, que el disco estaba rayado y siempre saltaba y la agarraba empezada en el momento de ponerla al aire. Hasta que le tomé la mano y salía perfecto.
¿Y para despedirse?
Un enorme agradecimiento, a vos y a este medio, por darme la oportunidad de contar algo de mis 55 años de radio.
