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En el epílogo de su nuevo libro, la flamante ganadora del Premio Nacional de Poesía, Beatriz Vignoli (Rosario, 1965), explica que quiso “hacer poesía en la tradición de los maestros y maestras” que “soñaron desde el paisaje litoraleño el sueño cosmopolita de los procedimientos de las vanguardias”. El resultado del experimento es Sol salvaje, un compendio que se puede leer como una puesta en escena de su escritura (donde la autoconciencia desempeña un papel no menor) y, a la vez, como el debut de formas inéditas. Se incluyen poemas de 2016 a 2024.

El libro tiene cuatro partes. La primera y la tercera pertenecen al registro más conocido de su poesía, que engarza el soliloquio con la performance (sus poemas siempre parecen aptos para ser leídos en voz alta), y la memoria con el paisaje. “Hace tres siglos acá se charlaba con los muertos / y las casas donde aquello sucedía siguen ahí: / las veo guardar aún aquel silencio profundo”, se lee en “Ubajay en bajante”. También persisten la arenga (“Unas palabras”) y la pareja ideal que componen el humor y la melancolía.En “Conversaciones” se agrupan poemas dedicados a artistas y escritores. El mejor, tal vez, es el que rinde tributo a Edgardo Zotto, que casi se asemeja a un poema de Zotto: “Suelo soñar con libros anchos como ríos / con renglones de agua, con versos como puentes, / con imágenes verdes en las páginas”. Asoman métodos originales en la parte final del poemario, “Pataperrear”, con un uso mágico de la repetición, la elipsis y el renovado énfasis por “una revolución bombardeada muy lento”.

Sol salvaje

Por Beatriz Vignoli

Socios Fundadores

64 páginas, $ 29.000

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