reflexion

Todos creemos en algo (dicen) en algún momento, sea un Dios, un santo o el Universo; un partido político, un equipo de fútbol.

Pero realmente se cree en un relato de todo eso.

Y es, por cierto, una narrativa bastante perversa.

Nuestra vida se basa en pasar de un relato a otro.

Y me refiero a lo que sucede en la vida cotidiana, los relatos de todo tipo nos embarcan , nos atraviesan como si fueran el verdadero sentido de la vida; y de repente son creaciones culturales, con el objetivo de manipular y dominar, como lo hace la publicidad, la política, la religión.

El calendario, por ejemplo es un invento maya, y la cultura se encadena tras esa idea.

Nuestra vida se organiza en base a un sistema antiguo de creencias.

Somos un cúmulo de relatos y narrativas, en el fondo, un manojo de pequeñas ficciones.

Al final, sucede que no hay otra forma de ser, pero eso no es lo malo o peligroso.

Lo grave es que la gente se lastima o mata por defender su relato, se producen guerras incluso; a lo que apunto es a ser conscientes de eso y no dejarse dominar por el relato, porque ahí empieza el conflicto: nace el fanatismo político, religioso, la discriminación, etc.

En definitiva, siempre tiene más razón el viento y la hojarasca que cruje y vuela, libre y sonriente en cualquier tarde de cualquier día.

 

II

Es como una especie de paradoja o la arquitectura del sujeto.

Pareciera que no hay nada cierto en definitiva, son construcciones a través de relatos, o que somos eso que se forma en la palabra, la nuestra, la otra, la de la historia.

Estamos atravesados por eso, lo peligroso es aferrarse a la palabra propia o la de otro ciegamente; de ahí el problemas de las identidades que creen en verdades, en conceptos firmes y fundamentados.

Nos deshumanizamos o nos volvemos más funcionales a los relatos de los otros.

La publicidad, el marketing, la política : son una peste; una puesta en escena.

Las ideologías, más que la política…

Hegemonía en las escuelas, a través de la historia, coerción, disciplinamiento.

Hoy, las formas de poder, de control y manipulación son aún más básicas: nueva espiritualidad, formas de vivir livianas donde se habita en el hoy o la pantalla, los jóvenes ya no tienen religión ni grandes ideales, caminan sin ayer ni mañana.

Quizás sea eso la modernidad líquida, grandes ríos de información sin ningún sentido, ya no solo de grandes fluctuaciones de dinero o bienes intangibles; fragmentación de la mirada, una sociedad que hace culto de la escasez, ya no solo de espíritu…

Las series televisivas fraccionan y dosifican el tiempo de vida, un método sofisticado de control.

Pero el viento y la hojarasca crujiente, se funden con el sol en el horizonte, mostrando que otra forma de vida es siempre posible.

  1. Echarren

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *