Raúl Torre es el profesional en criminalística más reconocido del país, habiendo intervenido en investigaciones de los crímenes más resonantes. Además de su labor académica en distintas universidades del país e internacionales, ha escrito siete libros. El jueves pasado brindó un seminario en el Colegio de Magistrados y Funcionarios de Dolores. Hablamos con él sobre su profesión, la actualidad de la misma, y sobre el final nos cuenta el caso que más lo conmovió.

- – ¿Cómo definiría su profesión?
Yo soy criminalista en realidad. Tenemos los criminólogos por un lado, y los criminalistas por otro. Los criminalistas fundamentalmente analizan la evidencia física, la evidencia forense, reconstruir el hecho criminal primero mentalmente, después en base a la evidencia, la escena del crimen. Ese es el criminalista. El criminólogo en cambio es aquel que se ocupa de la investigación del porqué del delito, del delincuente. Muchos creen que como criminalística y criminología son familia de palabras es lo mismo. Por un lado los métodos científicos y por otro lado la ciencia de la conducta. La criminalística se ocupa de establecer cómo ocurrió el hecho criminal, cuando ocurrió el hecho criminal, donde ocurrió el hecho criminal, cómo ocurrió el hecho criminal y quién es el autor del crimen. La criminología en cambio, del porqué.
- – ¿Usted se ocupa de ambas?
Yo tengo las dos especialidades. Estuve muchos años en la policía, hice toda mi carrera allí, y luego del retiro me dediqué al trabajo académico. Actualmente estoy ejerciendo en cinco universidades nacionales y algunas universidades extranjeras, tres en Ecuador, una en Bolivia, una en Brasil y ahora comienzo una en Italia.
- – ¿Cómo está Argentina al respecto?
Argentina ha profesionalizado muchísimo a sus criminalistas, hoy en día las fuerzas de seguridad. No obstante, no todos son miembros de la fuerza, pero las fuerzas de seguridad tienen a todos los criminalistas con título universitario, muchos no solamente de grado, sino también de posgrado. Y hay muchos de ellos en la actividad privada. Estamos en entre los primeros lugares del mundo. También en tecnología, no hay duda, basta con mirar cotidianamente en los medios de comunicación cómo se resuelven los hechos criminales. En tecnología, cibercrimen, camarización, etc., estamos en primer nivel en materia tecnológica.
- – ¿Cómo fue la decisión de seguir en lo académico?
Ya cuando estaba en policía fui convocado para ser profesor de la Escuela de Cadetes y fui profesor durante 25 años de los cadetes de la materia de Investigación Criminal, que es la especialidad mía. Y así fui convocado también por alguna universidad en aquel momento. Originalmente fue la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Después me retiré, me dediqué a esto, escribí siete libros y de alguna manera eso me permitió tener cierta trascendencia.
- – ¿Cuándo o por que eligió esta profesión?
Cuando era adolescente, pero seguí en mi generación, seguía los pasos de papá. El viejo era un modelo para mí, él era criminalista, por supuesto con medios mucho más primitivos de los que tenemos hoy en día. Pero él era criminalista y yo seguí sus pasos.
- – ¿Cuáles cree que son las condiciones fundamentales para aprender y ser un buen profesional?
Una muy buena formación, se necesita muchísimo estudio porque es omnicomprensiva la investigación criminal. Y después algo que tenemos aquellos que ya transitamos la tercera edad: la experiencia ¿Qué es lo que estamos tratando? Tratando de transmitir experiencias para las generaciones más jóvenes que vienen por detrás.
- – ¿Cuáles fueron los ejes de la charla que brindó en el Colegio de Magistrados de Dolores?
Un poco fueron consensuados por el requerimiento del Colegio. Hablamos de los casos de inimputabilidad y de imputabilidad, del individuo que aun cuando haya cometido muchas veces un crimen que es a todas luces aberrante o reprochable, en realidad no es punible, ¿por qué? Porque no comprende la criminalidad del acto o no tiene la capacidad de dirigir sus acciones. Estuvo orientado a eso, a la lectura e interpretación de la escena del crimen en esos casos.
- – ¿Recuerda dentro de su extensa carrera algún caso que lo haya marcado?
Sí, hay uno que me marcó. Un hecho que realmente me conmovió. Una mujer que cuando era chiquita los padres la abandonan a ella y al hermanito. Los internaron en el Patronato Benavídez. Vilma Susana Humada se llamaba y tenía 9 años, el hermanito 4. Al nene lo adoptaron pero a ella no, y se fugó cuando tenía 10 años. Hoy en día sería impensado que un juez de familia deje a dos hermanos separados. En aquellos años esto ocurrió. Ella se fugó del patronato y vivió en la calle, abajo de los puentes. Fue abusada de todas las maneras que puedan imaginarse, y las que no puedan imaginarse también. Imaginan una nena de 10 años viviendo en la calle, comiendo de la basura. Era analfabeta, nunca fue a la escuela. Vilma no obstante esa vida, con una pareja circunstancial construyó una casa muy precaria en un asentamiento, una villa de emergencia en Tigre, e hizo una vida promiscua con tres parejas diferentes, teniendo un hijo de cada una. Ella trabajaba de doméstica y mantenía a sus chiquitos, los tenía bien alimentados, los cuidaba muchísimo, los adoraba y solamente cuando salía a trabajar había una vecina que los cuidaba. Cuando los chiquitos tenían cuatro, tres y un año esa pareja circunstancial, le dijo que tenían que cortar la relación porque él había hecho el trámite para ingresar a la policía y habían determinado que tenía HIV positivo. Era mentira, nosotros creímos que fue la excusa que utilizó él para terminar la relación, cosa que después se comprobó.
- – ¿Qué pasó con ella?
Ella, analfabeta, que en su televisor veía todas las noches que el SIDA era prácticamente, una condena a muerte (eran los años 90’), pensaba que sus tres chiquitos iban a pasar por todo lo mismo que pasó ella. En un fuentón de ropa, los asfixió uno por uno y luego los acostó en la cama. Esa fue la escena del crimen que tuve que ir yo. Todavía cuando me acuerdo, el caso me conmueve.
- – ¿Lo comenta como ejemplo?
No, no, lo he hecho público, eh. Porque cuando uno habla de investigación criminal quieren que le hablen de un crimen, de una cosa así, ¿verdad? Le hemos dado a leer a los policías más duros Le hemos dado al leer la declaración de esta mujer que hace ante el juez y todo se quiebran, ¿eh? Así que no me siento en inferioridad de condiciones por eso.
