Referente del MLN (Movimiento de Liberación Nacional), se define como “argentino, cristiano, justicialista, metalúrgico.” Brindó el viernes pasado una charla sobre el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional en la sede de SMATA Dolores, ante un público que llegó de toda la región. Hablamos con él sobre el Proyecto, el ser nacional, y sobre Abel Fleury, de quien se declara ferviente admirador.
“Ando por todo el país. Y cuando hablo de Fleury, siempre encuentro algún loco que me dice, -no me digas que vos escuchás a Abel Fleury-, la gente se sorprende con alegría. Son los tesoros del corazón de la Argentina, como es Fleury. Porque en el sonido hay una metafísica. Aunque no lo diga con palabras en el sonido nos está hablando de algo, nos habla de las tareas rurales, de las labores del campo. Abel Fleury habla de la Fundación de esta Patria, que es la civilización de los centauros, los gauchos argentinos, los hombres de a caballo. Aquellos hombres que en su constitución miran el infinito de la llanura pampeana y miran el infinito del mar, viven entre dos infinitos. Y a ese infinito lo miran desde arriba de un caballo. Eso ha constituido el alma gaucha, hermano. Eso hace que el alma gaucha sea irreverente”.
Durante los dos días que permaneció en Dolores, recorrió distintos lugares de la ciudad, y se detuvo en los vinculados a la figura de Fleury, como el Archivo Histórico y la tumba del músico. Charlamos con él sobre una cuestión tan vital como necesaria.
¿Cuál fue el eje de su charla?
Expusimos los trabajos que venimos realizando sobre un Proyecto Nacional que nos permita alcanzar el pleno empleo, terminar con los desocupados en la Argentina en un ciclo de gobierno de 4 años, recuperando las actividades estratégicas de la Nación, como la Marina Mercante. La Marina Mercante además de permitirnos el poder de transportar y comerciar, nos permitiría capitalizar a la Argentina a través del flete marítimo, el seguro y la renta comercial, con lo cual iniciaríamos este proceso de transformación nacional financiando desde el Comercio Exterior, desde las actividades logísticas de seguro y comerciales, financiando la reconstrucción ferroviaria con un flujo de caja constante que permitiría poder recuperar los 50.000 km. de vía y tirar dos trazas ferroviarias hacia la Patagonia por los andes y por el Atlántico para unir perimetralmente todo el territorio continental.
¿Eso qué garantizaría?
Esas obras, las Industrias asociadas y las fuentes de trabajo necesarias para estabilizar la Argentina y que no haya un solo argentino desocupado.
¿Por qué no ha sucedido esto en todas estas décadas?
Porque las conducciones políticas están subordinadas a la división internacional del trabajo y a la geopolítica del bloque anglosajón. Desde la década del 90’ con la firma de los Acuerdos de Madrid que inició Alfonsín, porque Menen termina de firmar lo que negociaba el Canciller Dante Caputo después de Malvinas 82’, que es la rendición incondicional de la clase política en el Atlántico Sur. Entonces, los Acuerdos de Madrid no son solamente una declaración conjunta. Indican además que a la Argentina le dictan que tiene que desarmarse poniendo a privatización primero, las empresas del Estado con la ley 23.696, y segundo, las 27 empresas del área de defensa. A su vez, promulgan la Ley de Protección a las Inversiones Inglesas, la 24.184.
¿No se dieron cuenta los dirigentes políticos de todos los partidos políticos del país?
¿Qué piensa…?
Yo soy clase 76’. En el 89’ cuando se estaba llevando esto adelante, estaba entrando en el primer año de la Escuela Fábrica. Y en el 95’ cuando ya se había aprobado esto, la Reforma Constitucional remacha todo porque blinda el bloque bipartidista con el acuerdo entre Alfonsín y Menem, impidiendo la aparición de otra fuerza que pueda tener magnitud electoral. Yo estaba recibiéndome de Técnico Mecánico en Máquinas Herramientas con un país devastado por la desocupación después del proceso de privatizaciones.
¿Qué se necesita para revertirlo?
Un Proyecto Nacional y un continente político de unidad, que a nuestro entender es el modelo argentino, que representa es el ethos del pueblo argentino. El ethos de la patria de los argentinos. Aquello que está constituido esencialmente en nosotros, que trae consigo nuestra tradición nacional, no solamente nuestra historia. Como hablábamos en el Archivo Histórico que visitamos (N.d.R. se refiere al Centro Cultural Dorcas Berro), sobre las pujas entre Unitarios y Federales. No hay que esconder los retratos de uno u otro sino poner ambos, que se conozca todo y la gente lo pueda determinar por sí misma. Esto es lo que más necesitamos, porque no se alcanza la unidad nacional negando al otro, sino desde el disenso.

¿Por qué el disenso?
Porque el disenso toma a la opinión del otro en cuenta. Este consenso democrático, de esta falsa Democracia de los últimos 50 años, hace de cuenta que te tiene en cuenta, pero no te tiene en cuenta. Simula que te tiene en cuenta. Entonces, partimos del disenso para alcanzar un gran acuerdo nacional que significa un pacto social de Argentina.
¿Y cómo cree que se genera esa conciencia del disenso hoy?
Bueno… a nadie le preocupa si Abel Fleury era Unitario o Federal ¿Qué era? No sabemos. Para mí es el padre del nacionalismo musical argentino.
¿Cómo llega a Fleury?
Por intuición. Por la sagrada intuición. Porque la herencia que recibimos como hijos gauchos es la de otro pampeano, nacido en Huangelén, José Larralde. A través de mi abuela. Todos los discos de vinilo y de pasta que tengo son los que ella iba comprando todas las quincenas que salía de la Fábrica. Compraba un disco por quincena. Cuando cobraba lo primero que hacía era comprar un disco. Y la herencia de la Milonga Surera y el Tango signó nuestra vida desde de niños. Y a Fleury uno llega buscando por la intuición que le dicta el camino de la verdad. Hay un camino que te lleva. Y así llegué a Fleury, que es la verdad.
¿Cómo ve ese valor en la actualidad?
Es importante señalar, sobre todo a los jóvenes que viven una vida real y una dentro de la virtualidad, que hace 100 años casi Abel Fleury formaba sus famosos escuadrones donde lograba reunir hasta 100 guitarras en un tablado y tocar una melodía criolla. En una época que no había parlantes, no había amplificación, no había sonido, potencias, ecualizadores, nada de toda la parafernalia técnica que hoy tenemos. No había manera de amplificar el sonido, como se amplifica ahora. Y además, no había autopistas transitables, ni caminos transitables ni la cantidad de automóviles que hay ahora. Andaba a caballo o en carros tirados por bueyes. Viajes que duraban semanas. Hay que transmitir esto a la juventud. Esos hombres tocaban la guitarra de aquella manera y compusieron esas melodías… quiero ver qué guitarristas hoy están a la altura de Abel Fleury, sin la parafernalia actual. Porque juntar decenas de guitarras en un país que tenía menos de la mitad de población que tiene hoy, era increíble.
¿Cómo lograba eso en cada pueblo que visitaba?
Porque la música la hacía el pueblo. El pueblo no era espectador del artista. Esto es una diferencia sustancial que hace a la vida comunitaria de los argentinos. El pueblo como actor principal del hecho artístico porque el pueblo hace el arte y la historia. No vivíamos esta vida de contemplación -no la contemplación sobre la naturaleza, que es un acto sagrado que nos conecta con Dios, sino la contemplación de lo que hace el otro-. El espectador, la sociedad del espectáculo y de los espectadores, no la de los realizadores. En todas las casas había una guitarra, un bombo, un violín un acordeón o un piano. Hoy es imposible tener un piano ¿Cómo puede ser que nuestros viejos, nuestros antiguos padres criollos, lograban tener un piano? Hoy es inalcanzable. Vivimos sumergidos en una miseria tecnológica, que nos ha desposeído y nos ha quitado los instrumentos de realización como el piano, la guitarra, el acordeón, por un teléfono celular donde vemos lo que hacen otros y no hacemos nada nosotros. Este es el orden civilizatorio que hay que discutir.
¿Y la tecnología?
No es ponerse en contra del avance tecnológico porque sí, o por nostalgia, romanticismo o cierta actitud bucólica de la vida. Es porque esto nos hace ser desposeídos. A tal punto que yo tengo como herencia los discos de vinilo con sus artes de tapa, con las letras. Las colecciones. Incluso hasta CD’s que venían con el librito con información. Hoy los pibes no tienen nada. Pagan por escuchar música en Spotify. Pagan para oír, pagan para alquilar, alquilan la música. No tienen el disco, que para nosotros era una ceremonia comprarlo: uno llegaba a casa, le sacaba el papelito celofán, lo abría, y lo gastaba.
¿Y ese Ser Nacional lo encuentra en sus viajes?
Ando por Mendoza, Salta, Tucumán, el Litoral, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, el Chaco, Santa Fe, la Patagonia, Tierra del Fuego, por todos lados. Y cuando hablo de Fleury, siempre encuentro algún loco que me dice, no me digas que vos escuchás a Abel Fleury, la gente se sorprende con alegría y dice: yo te sigo por el Proyecto Político, el Proyecto Nacional, por una Argentina Industrial -que es lo que quizás más me define frente a mis hermanos de la patria, frente a mis semejantes-. Pero cuando se comparte esto que son los tesoros de del corazón de la Argentina, como es Fleury, el hombre se afirma más en sí. Dice, claro, no podía ser de otra manera. Vos sos criollo como nosotros». Este pensamiento te tiene que llevar de alguna manera por unos caminos para encontrar a esta gente. Porque en el sonido hay una metafísica. Aunque no lo diga con palabras en el sonido nos está hablando de algo, nos habla de las tareas rurales, de las labores del campo. Abel Fleury habla de la fundación de esta patria, que es la civilización de los centauros, los gauchos argentinos, los hombres de a caballo. Aquellos hombres que en su constitución miran el infinito de la llanura pampeana y miran el infinito del mar, viven entre dos infinitos. Y a ese infinito lo miran desde arriba de un caballo. Eso ha constituido el alma gaucha, hermano. Eso hace que el alma gaucha sea irreverente.
Y esta música también nos lleva a la fundación.
Claro. Resulta que nos enteramos que en la primera fundación de Buenos Aires por Pedro Mendoza, en 1536, en un momento se tienen que ir, no se pueden quedar. Entonces dan órdenes al jefe del establo para que sacrifique los caballos, que en esa época eran un arma de guerra. Entonces este hombre a la noche, mientras todos duermen, abre el establo y libera los caballos a la llanura pampeana en un gesto de profunda humanidad. Más de 40 años después llega Juan de Garay para la segunda fundación de Buenos Aires. Mandan un equipo de adelantados a que vean dónde terminaba esa llanura infinita, y empiezan a caminar leguas y leguas hasta que de repente escuchan retumbar la tierra. Un retumbar ensordecedor y a lo lejos una nube de polvo. Se refugiaron para no ser atropellados y aplastados. Estuvieron más de 6 horas esperando que la tropilla termine de pasar. Claro. Alberto Buela, el más grande filósofo que tenemos con nosotros los argentinos, hizo la cuenta de cuántos caballos serían. Él es un gaucho, de Magdalena, provincia de Buenos Aires. Y calculó que esas tropillas sumaban entre 20 y 30 mil yeguarizos. Cimarrones, porque son los que medio siglo antes se habían largado a campo abierto. Esto quiere decir que a esta patria primero la conquistó el caballo y después los gauchos, que domaron esos caballos para conocer la patria que el caballo ya conoció primero.
