“Un Clásico Nacional”. Organizado por el Centro de Actividades Náuticas Dolores, se realiza anualmente en diciembre, desde 1999.
La Travesía en Kayaks anual más exigente del país, que convoca a los mejores Kayakistas de Travesía de Argentina, Uruguay, Brasil, etc.
100 km. – en tres días – 40 km por el Canal 9 y 60 km. por la peligrosa Bahía de Samborombón. 25 horas de remo sostenido. 70.000 remadas intensas por persona.
No es una competencia. Navegan en flota organizada y solidaria.
A lo largo de sus tres décadas ha tenido el auspicio del Ministerio de Turismo de la Nación, Secretaría de Deportes de la Nación, YPF, Secretaría de Turismo de la Provincia, Armada Argentina, Prefectura Naval Argentina, Municipalidad de Dolores y/o Municipalidad de La Costa; entre otros.
Este año contó con la participación de deportistas destacados de Dolores, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Uruguay, Buenos Aires y San Luis.
Todos arribaron nuestra ciudad el viernes 5 y se congregaron en el Lago Parque Náutico. Allí acamparon, ratificaron su inscripción y compartieron una cena en la Guardería Náutica. Durante la misma el Capitán Alfredo Barragán les dio las indicaciones necesarias para funcionar como flota, en equipo capaz de superar los riesgos de la Bahía.
El sábado 6, por la mañana, pasaron en colorida y entusiasta Caravana por el centro de Dolores; se detuvieron frente al Palacio Municipal, donde el Intendente Municipal Juan Pablo García y otros funcionarios salieron a saludarlos y desearles buena navegación. Y continuaron hacia el Punto de Partida, en el ex Campamento de Hidráulica del Canal 9.
Luego de una minuciosa estiba de equipamiento en los kayaks, con el marco de bocinas y aplausos de los acompañantes, la prensa y el público presente, a las 12:45 zarparon rumbo a San Clemente del Tuyú. Fue un momento de muchísima emoción. Todos sabían el tremendo esfuerzo y los riesgos que les esperaban.

Al frente, ponía el rumbo y la velocidad el Capitán Alfredo Barragán. Cerraba la flota el Subcapitán Rafael Macchi. Y rodeando la misma navegaban los “Capitanejos” Pablo Bidart, Jorge Tamagno, Federico Falistoco, y otros expertos kayakistas del CAND.
Fue una navegación tranquila, con un Canal 9 amable, cargado de agua por las últimas lluvias y con buena velocidad.
Los escoltaban por seguridad dos botes semirígidos con motor; uno del CAND y uno de Prefectura Naval Argentina.
Y cinco horas más tarde arribaron felices al primer campamento, en la margen norte del canal, en el cruce con la Ruta 11. Habían remado 27 km.
El equipo de tierra del CAND, dirigido por Beatriz y Perla Majirena, los estaba esperando con carne al fuego, frutas y bebidas.
El clima era de fiesta. Anécdotas y conclusiones, en un marco de absoluta camaradería.
Muy temprano, luego de una charla técnica sobre el pronóstico meteorológico, las tablas de mareas y el plan de navegación para el día siguiente, los que solo hacían esa primera etapa y los que debieron desertar por no sentirse en buenas condiciones, regresaron a Dolores; y los que intentarían hacerla completa se retiraron a dormir en sus carpas.

El domingo 7, se despertaron al amanecer y, concientes del reto que afrontaban, comenzaron a alistar los kayaks para una de las etapas más difíciles.
Partieron a las 8, con viento suave y soleado. Navegaron los últimos 13 km. del Canal 9 con, con viento fresco en contra, en solo dos horas. Sin detenerse, entraron desafiantes en la Bahía de Samborombón. Allí empezaba la verdadera lucha.
Debían recorrer 21 km. hacia el sur, hasta la boca del Canal 1. Las condiciones eran adversas. El viento permanente del sudeste generaba olas casi en contra. Una cada 5/7 segundos que se montaba sobre la proa y les daba en el pecho. No podían dejar de remar porque se atravesaban y retrocedían. El avance era mucho más lento que el esperado. Su velocidad era de menos de 4 km. por hora, a pesar de que se remaba denodadamente; poniendo fuerza en cada palada. No podían detenerse a descansar, pues retrocedían. Solo dejaron de remar 5 minutos cada dos horas, para comer un bocado de mano y tomar agua. El agotamiento y la preocupación era visible en los rostros.
Los kayakistas del CAND arengaban permanentemente a la flota. Debían remar. No había otra opción. Pasaban las horas y la meta continuaba lejos. Algunos tumbos y sus rescates los demoraban aún más. Sabían que debían llegar alrededor de las 16:00 para encontrar la boca del Canal 1 con suficiente nivel de marea. Pero fue imposible.
Recién arribaron y entraron al Canal a las 17:45. Los kayaks lograron entrar. Pero los botes de motor, de seguridad, debieron permanecer en la Bahía hasta las 21.30 hs; cuando la nueva creciente les permitió acceder al campamento.

Fue un día brutal. La flota remó, contra viento y marea, 34 km. en 10 horas y 45 minutos, sin descanso; sin levantarse un minuto del asiento.
Allí los esperaba el Equipo de Tierra, compuesto por tres camionetas “todo terreno” con sus respectivos trailers para kayak y una cuarta camioneta con acoplado, con todo lo necesario para la cena; única comida seria del día. A las 23:00, agotados, todos estaban en sus carpas.
El lunes 8 de diciembre, feriado, nuevamente se despertaron al amanecer y zarparon a las 8:00. Otra jornada terrible. Marea en contra, ola en contra y viento en contra. Y se repitió el esfuerzo sobrehumano del día anterior.
Dado los riesgos de la Travesía en esas condiciones, escoltaban la flota dos botes de motor, de rescate, del CAND y otros dos de Prefectura Naval Argentina.
Después de las 14:00 alcanzaron vislumbrar el Faro de San Clemente, la meta. Y esto fortaleció los ánimos. Pero aún faltaban muchas horas de lucha.
Al pasar frente a la Ría Ajó, de General Lavalle, la capitanía decidió no efectuar la recalada de descanso habitual. No había tiempo. Y continuaron remando denodadamente.
Y, exhaustos pero felices, entre risas y lágrimas, a las 17:50, luego de 10 horas ininterrumpidas de batallar contra la naturaleza, arribaron triunfales al centenario faro, en Termas Marinas; donde los recibían los familiares, amigos, público, directivos del complejo, prensa y autoridades del Municipio de La Costa.

Duchas, alimentos, abrazos, diplomas, sorteos, abrazos, lágrimas, orgullo colectivo y la promesa de volver el año próximo para revivir “El Desafío de la Bahía”.
