El obispo de Chascomús, monseñor Juan Ignacio Liébana, envió un mensaje a los Intendentes de los 14 partidos que integran la Diócesis, entre ellos Dolores, y a quienes forman parte de los Concejos Deliberantes comunales, en el que invitó a recuperar el sentido profundo de la Navidad y a no excluir a Jesucristo del centro de la celebración.
El obispo compartió su reflexión a partir de una experiencia personal: al recorrer distintas plazas de los pueblos de la diócesis, observó una cuidada decoración navideña, con árboles iluminados, figuras de Papá Noel, trineos y renos, pero con una ausencia que le resultó significativa: la del Niño Jesús y el pesebre.
«Todo muy bello, pero con un gran ausente: el Niño Dios», señaló y advirtió sobre el riesgo de quedarse «con la cáscara y olvidarnos del contenido», reduciendo la Navidad a una estética vacía o a una celebración marcada exclusivamente por el consumo y la apariencia.
En su mensaje, monseñor Liébana recordó que la Navidad existe porque se celebra un nacimiento concreto: el de Jesús, cuya encarnación dejó una huella decisiva en la historia. «Es imposible celebrar la Navidad y no reconocer a Jesús, al menos como personaje central en este día», afirmó.
Algunos interrogantes
El obispo planteó además algunos interrogantes de fondo: si la ausencia de los signos cristianos es fruto de un descuido o si responde a una exclusión deliberada; si, de algún modo, «Herodes sigue persiguiendo al Niño» o si otros «dioses», como el dinero, el consumo, el bienestar o la apariencia, buscan desplazar al Dios que se hace frágil y cercano.
«Navidad es Jesús. Si lo excluimos, al menos no caigamos en la hipocresía de llamarla Navidad», sostuvo y definió esta celebración como la experiencia del Dios con nosotros, que interpela con su humildad, desarma con su ternura y reconcilia desde su fragilidad.
En otro tramo del mensaje, el pastor diocesano exhortó a no repetir la historia del rechazo a la Sagrada Familia y a no dejar que Jesús quede marginado de la vida social y de los espacios públicos. Advirtió que su ausencia sólo puede generar más violencia, individualismo, indiferencia y desigualdad.
Finalmente, monseñor Liébana invitó a «volver al pesebre», a mirarlo con ojos de niño y con fe, y a redescubrir en la sencillez de la Sagrada Familia los valores esenciales para la convivencia: la paz, el amor, la alegría y la esperanza.
«Navidad es compartir, es comunidad, es compasión, es darnos la oportunidad de renacer como sociedad», concluyó.
